viernes, 24 de enero de 2020

CONSTANCIA

Constancia debería ser mi nombre, pues es el más grande de mis defectos. La ausencia de ésta, me refiero, tanto en mi nombre, como en mi persona. 

¿Pruebas? Mi último post, se tituló 2019. Y el anterior a este, VOLVER( escrito en Febrero de 2018)..

Sí, este 2019 he escrito. Ha sido el año en el que más he escrito, de hecho. Pero no he publicado NADA. ¿Por qué? Porque busco una perfección imposible. Busco que mis palabras tengan no solo sentido, si no también fuerza y belleza al mismo tiempo. 

Y escribo, pero lo dejo. 

Me declaro experta en dejar las cosas a medias, en no acabar aquello que he empezado. Mi enfermedad: me aburro demasiado rápido de las cosas. Incluso cuando de mis propias palabras se trata. 

Así que sí, queridos lectores. Este 2020, vengo a repetiros lo de cada año. Vuelvo. Vuelvo imperfecta, con palabras quizás vanidosas, pero que pisan fuerte. 


Así llega, así lo publico. Mi nuevo reto para este 2020, no es escribir. Mi nuevo reto es publicar todo aquello que escribo. Sin importar su forma. 

Este 2020 vengo para fluir. 

Atentamente,
Ana. 


22 de Enero de 2020, Estambul, Turquía. 

viernes, 15 de febrero de 2019

2019

Han habido cambios. 

  • He dejado de fumar. 
  • Vuelvo a ser la chica positiva que era antes. 
  • Con la positividad, ha cambiado mi humor diario. 
  • Con el cambio de humor, ha venido la actividad. 
  • Con la actividad y las nuevas experiencias, ha venido la creatividad. 
  • Con la creatividad, vinieron las ideas, y mi nuevo proyecto. 
  • Con el nuevo proyecto, vino la necesidad de volver a estudiar el arte de las letras. 

Pero lo más maravilloso de todo, son los cambios que están por venir.

  • Vuelta a la vida activa, al deporte.
  • Vuelta a conseguir todo aquello que me propongo a la de YA. 
  • Vuelta a la escritura, al estudiar, al aprender tanto como pueda, a la literatura, a las libretas llenas de apuntes. 
  • Vuelta al espacio propio, a una zona de estudio, con su respectivo escritorio. 
  • Vuelta a mi rincón de libros, letras, música y fotografía. 
  • Ha vuelto la necesidad de aprender, descubrir y encontrar en cualquier parte del mundo, incluyendo éste lado de las fronteras. 


He vuelto, y ésta vez de verdad. ¿Que cómo lo sé? Lo sé porque me da absolutamente igual como se vean mis redes sociales, puesto que es mi libertad y mi manera de expresar aquello que siento. Y yo, mi manera de sentir y mis pensamientos, todo, es CAOS. 

Y aunque el orden se vea hermoso, no es lo que me representa. De hecho, nunca me ha representado. 

Aquello que altera el orden de mis pensamientos, de mis sentimientos, de mis objetivos, es lo que amo. No puedo amar lo lineal. No puedo amar la rutina. Por eso, pese a poder estar trabajando en el paraíso, viviendo una vida digna de postureo, sigo aquí. 

No empecé mis viajes para conseguir esa vida. Los empecé para nunca terminarlos. Y resulta que cerca de mi familia  comencé un viaje más. Un viaje que me lleva por las nubes, por las alturas, que me inspira, que me enseña a quererme y a afrontar mis miedos. 

Un viaje que me ha llevado a conocer a gente maravillosa, a gente no tan maravillosa, y a seres especiales. Gente de luz. 

Un viaje que me ha llevado a comenzar otras cosas nuevas. 


martes, 18 de diciembre de 2018

Volver

"Irte, para volver después. 

Irte, para jamás quedarte. 

Hasta que vuelves, y te quedas."

Ana Lavanda, En Empuriabrava, España, el 18 de Diciembre de 2018. 




Koh Tao, Tailandia - Diciembre de 2015
CUATRO


Cuatro han sido los años en los que he abandonado por completo mi pequeño rincón en la nube. Un rincón que cuidé i mimé con muchísimo cariño durante toda mi adolescencia. Un rincón donde compartía historias, reflexiones y amor por las letras. 

Han sido cuatro años maravillosos.

Acabar el instituto, hacer selectividad, negarme a seguir el camino esperado (injusta universidad), mi primer trabajo con 19 años (en Tailandia , mi segundo trabajo en casa (y así descubrir por qué odio los uniformes), hacerme instructora de submarinismo y trabajar en Filipinas, caer en depresión en el paraíso y volver a casa, empezar a trabajar en el centro de paracaidismo una semana después de volver a casa, superar mi depresión, ser paracaidista, trabajar de algo que me gusta durante año y 7 meses, quedarme. 

Empuriabrava, España - 13 de Diciembre de 2018.


QUEDARME

Perdida. Perdida, incluso cuando estoy en casa. ¿Por qué? Porque pienso. Pienso, y luego existo. Y antes de existir, me pierdo. Porque me gusta perderme. Perderme en mis pensamientos, perderme en una ciudad, perderme en la profundidad del mar, perderme entre sensaciones al saltar de un avión. 

Soy una chica perdida. Felizmente perdida. 


CRECER

Aquel que piense que crecer es independizarse, se equivoca. 
Aquel que se crea adulto por saber lo que quiere, lo que espera de su futuro, es un iluso. 

Crecer es darte cuenta de que tú, eres tú. En Tailandia, en Filipinas o en casa. 

Crecer es darte cuenta de que no importa sentirte perdido, porque eso significa que estas abierto a que cualquier cosa maravillosa pase. No existe la posibilidad de negarte a cualquier locura, ya sea una locura intermitente, una escapada, o ya sea una locura constante. 

Crecer es aprender a quererte. Aprender a quererte y siempre intentar mejorar. Porque no somos seres estáticos. Somos seres cambiantes. Y lo más maravilloso es cuando ese cambio, es en realidad evolución.


Querido lector, debes saber que vuelvo para quedarme. Vuelvo para compartir mis letras. Vuelvo para irme y después volver. 


Porque así soy yo. Voy, vengo, vuelvo, vuelvo a irme. Voladora, soñadora, lectora, amante de las letras, la música y el arte que es pensar. 

Y espero que os quedéis. 

Quedaros, para iros conmigo, y por supuesto; VOLVER.

sábado, 25 de octubre de 2014

Infinitas carreteras


Y gritarle al mundo entero: "NECESITO LIBERTAD".

Un escalofrío provocado por el contacto de mi frente contra el frío cristal de la ventana del autobús se abre paso, recorriendo así cada centímetro de mi espinazo. Mi mirada se pierde en el horizonte, un horizonte en constante movimiento. Cansada de perderme en mis pensamientos para luego nunca encontrarme, decido subir el volumen de la canción que está sonando al máximo, para así ensordecer la tormenta de pensamientos confusos que ha inundado mi ser. Los versos de la canción 1999 de Love of Lesbian, calan en mí. Sus palabras se posan tímidas pero contundentes sobre mi corazón. Y entonces empiezan a arder, y junto a ellas todo mi interior.

Sentada en este autobús, sin apartar la mirada del paisaje que me tiene cautivada, escapando de ti. Los campos teñidos de hermosos colores otoñales. Algunos árboles que están empezando a desnudar sus ramas, tiñendo el árido suelo de mil tonos amarillos. Los cielos azules manchados de nubes blancas. Los ligeros pájaros observándome desde las alturas.

Todo moviéndose a toda velocidad a través de mi ventana, desdibujándose, convirtiéndose en manchas difíciles de definir. Aún así intento congelar cada instante, cada imagen, cada momento, sabiendo de antemano que son únicos, para luego perpetuarlos, y convertirlos en recuerdos. Pequeños instantes, que me pertenecen a mí, tan solo a mí. Imágenes que desbordan mi mente, haciéndome llegar a un punto en el que no hay retorno. Imágenes que me permiten crear un mundo paralelo al que poder escapar.

Y a medias del viaje, tras dos horas de camino hacia ninguna parte, mi aliento juega a empañar el cristal, donde mi delgado dedo escribe “fin”.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Home

Es extraño: Siempre he sido una persona a la que le ha encantado los cambios. Me atrevería a decir que soy adicta al caos, a las mudanzas y a los cambios de aires. Pero por primera vez en muchos años, me alegro de saber que nos quedaremos un año más aquí. Me alegro de no tener que despedirme de mi cama, desde la cual cada tarde puedo contemplar la puesta del sol. Me alegro de no tener que empaquetar todo de nuevo. Ésta es mi casa. Al mudarnos aquí, todo cambió, todo empezó a ir mejor. Esta casa ha sido testigo de mi progreso como persona. En esta casa no tengo malos recuerdos. Sí, quizás es pequeñita. Sí, no son nuestros muebles. Sí, en invierno se pasa frío. Pero aún así, amo este lugar. Después de 18 años, por fin siento que tengo un hogar. 

Empuriabrava, España, Diciembre de 2013

martes, 9 de septiembre de 2014

Todo un mar para perderme.

Sentirme como pez fuera del agua. Sentirme como esa fea y pequeña polilla que se cuela en las casas, dando tumbos sin saber a dónde dirigirse para sobrevivir. Sentirme encadenada a este lugar, mientras agito inútilmente mis pequeñas alas para escapar. Escapar de la infelicidad, de las mentes cerradas, de las decepciones. Huir, tomar un largo e intenso camino hacia mi futuro... Ese futuro que se que me espera, bastante lejos de aquí. Un futuro en un lugar hermoso, rodeada de aquello que más amo en este mundo: El mar. 


Un mundo mejor.

Quince borradores. Quince entradas llenas de palabras, que nunca han visto la luz (seguramente nunca lo harán). Quince intentos de gritarle al mundo lo que soy, lo que pienso, lo que siento. Quince intentos fallidos. ¿Por qué es todo tan difícil? Lo sé, sin dificultades, la vida no tendría sentido. Sin esas partes difíciles, no apreciaríamos al 100% las cosas buenas que nos pasan.  

Y es gracias a esos malos días, en los que no tienes ganas de levantarte de la cama, que nos damos cuenta de que tenemos cosas buenas a las que aferrarnos. 

Una persona, una canción, un libro, un lugar... Algo o alguien que cambia tu mundo, y lo hace un poco mejor. 

Tárrega, España, octubre de 2013

viernes, 22 de agosto de 2014

"Juguemos a intentarlo"

Algo arde en mis entrañas cada vez que pienso en ti. Instantes en los que no puedo respirar porque me falta el aire, me faltas tú. Es difícil no pensar en ti. 

Te odio. Te odio profundamente desde el día en que me besaste por primera vez. Te odio desde el instante en que decidiste hacerme tuya. Te odio desde aquel segundo en el que nuestras bocas se unieron, desde aquella maravillosa descarga de adrenalina tras el primer roce de nuestras lenguas. Aquel dulce baño en tí, que  no consigo olvidar. Tus manos descansando en mis caderas, tu cuerpo ceñido al mío, tus ojos cerrados, tu boca cerca de la mía susurrando "Juguemos a intentarlo". 

Tú, opuesto a mi utopía, a mi filosofía y a mi libertad. Polos opuestos en constante tensión. 

lunes, 28 de julio de 2014

La trotamundos...

Me confieso soñadora. Quizás podrían tacharme de ilusa, pero deben saber que se equivocan. No soy una ilusa, soy una soñadora. ¿Que qué diferencia hay? Iluso es aquel que sueña, sí, propenso a ilusionarse, pero que no consigue cumplir sus sueños. Yo pienso cumplirlos, por lo tanto me declaro soñadora. Soñadora y trotamundos. Queridos lectores, aquí les mostraré mi maravilloso mundo, mis mágicos rincones... Mi nombre es Ana. 

Hoy, empieza mi aventura. Quizás no llego a lugares lejanos y exóticos. Quizás no cruzo inmensos océanos. Pero sé que visitaré muchos lugares especiales, que incluso puede que estén cerca los unos de los otros. Saldré en busca de pequeños mundos que coleccionar. Recorreré nuestro maravilloso planeta, hasta conocerme cada pequeño rincón. Escribiré sobre los mejores lugares. Fotografiaré todo cuanto pueda. Y sobretodo: Viviré millones de experiencias inolvidables, ya sea cerca o lejos.  

viernes, 20 de junio de 2014

"Esa noche, inevitablemente me puse a recordarte. Tenías la mirada más triste que alguien pudo ver en años y la sonrisa más cierta de la que he sido testigo. Cuando te besaba el cuello, el olor de tu cabello hacía crecer mariposas y todos los corazones parecían no haber sufrido. “Desnúdame”, te decía mientras estabas bailando, y tú, con un sólo movimiento deshacías todos los nudos. Y me dejabas ser libre pero a la vez ser tan tuya, que comenzaba a dudar de quién era cada mano."

-Estefanía Mitre 

sábado, 26 de abril de 2014

Quiero, puedo...

Siento el frío suelo bajo mis pies. Sentada en la cama, los miro concentrada y pensativa, perdiéndome entre el mar de topos blancos en el fondo negro de mis curiosos calcetines. Cojo las zapatillas negras de deporte y me las pongo. Primero la izquierda, para después seguir con la derecha. Hato los cordones desgastados de forma deliberada para asegurarme de que el nudo no se acabará deshaciendo a medio camino. Esta vez no habrá escusas para parar antes de llegar a la meta. Cojo el mp3 y los auriculares, y salgo de casa. Cruzo la calle hasta llegar al camino rural que llega hasta la playa, mi meta. Quiero llegar hasta la playa, corriendo sin parar. Lo he intentado varias veces, pero siempre he fracasado. ¿Por qué? Cuando me quedan tan solo 500 metros, cuando ya hice tres cuartas partes del camino, cuando estoy a punto de conseguirlo, mis pulmones empiezan a arder, mi vista se nubla, mis piernas empiezan a temblar. Y es entonces cuando paro. Yo sé que puedo perfectamente con esos 500 metros y con mucho más, pero me rindo. Lo que falla no es mi físico, falla mi mente. Me rindo, me menosprecio, me comparo con los demás viéndome a mí misma como a una víctima. En esos últimos 500 metros, una voz interior me dice entre susurros y crueles carcajadas “Pobrecita, no lo intentes. No puedes más. No eres fuerte, eres débil. No vas a conseguirlo, porque nunca consigues lo que te propones. Para. No sigas, no hace falta. Ríndete. Siempre lo haces...”
Me pongo los auriculares, y selecciono la canción “Wild heart” de Daughtry en mi mp3. Quiero que esa sea la canción que me acompañe durante todo el recorrido, así que lo configuro para que se repita la canción al acabar.
Y entonces empiezo... Un pié tras otro, siguiendo el ritmo de la canción. Ajena al mundo que me rodea, me pierdo en mis pensamientos. Uno, dos, uno, dos... Consigo hacer la mitad del trayecto, y me animo a mí misma a seguir. Noto la caricia de una gota de sudor, recorriendo mi columna. Mis pulmones empiezan a quemar y mis piernas se resienten, pero sigo. Tan solo quedan 300 metros cuando esa estúpida voz aparece, gritándome que me rinda. Levanto la vista, y a lo lejos veo el mar. El mismo mar que me ha entendido cuando nadie más lo hacía. El mismo que me ha consolado con su silencio. Ese extenso manto azul oscuro con reflejos verdosos que me ha dado la fuerza necesaria para seguir adelante. Mi amado ponto.
Uno, dos, uno, dos... Sigo sin parar, con la vista clavada al frente. Tan solo me quedan unos metros, para conseguirlo. Mi vista se nubla, mis piernas fallan y hace rato que creo respirar puro fuego, sintiendo como arrasa a su paso hasta llegar a mis pulmones. Pero sigo. Simplemente, sigo.
Y llego. Con mi mano derecha, golpeo la señal que indica que he llegado a la playa, y grito. Un ostentoso “PUEDO” se escapa de mi boca acompañado de una enorme sonrisa y de una gran satisfacción. He podido. Lo he conseguido.
Me quito los zapatos y voy descalza a encontrarme con el mar. Estoy agotada y mareada, pero me siento radiante. Cuando mis pulsaciones han vuelto a la normalidad y he dejado de respirar fuego para volver al anodino oxígeno, me dejo caer sobre la caliente arena.
Una vez más, me pierdo en mis pensamientos. Y es que lo de hoy ha sido una importante lección. Me he demostrado a mí misma que puedo con todo, y que los límites están donde cada uno los pone. Por eso me prometo a mí misma asesinar a la cruel voz interior que me hace sentir inferior a los demás. Por eso prometo hacer todo lo que me apetezca, sin muros que lo impidan. Porque puedo conseguir cualquier cosa que me proponga. Porque puedo sacar buena nota en ese examen que me tiene atemorizada. Porque puedo decir lo que pienso y expresar mi opinión, sin tener miedo de lo que los demás piensen, porque creo en mí y eso me basta. Porque puedo sacar fuerzas de flaqueza. Porque puedo comerme el mundo.