"Esa noche, inevitablemente me puse a recordarte. Tenías la mirada más triste que alguien pudo ver en años y la sonrisa más cierta de la que he sido testigo. Cuando te besaba el cuello, el olor de tu cabello hacía crecer mariposas y todos los corazones parecían no haber sufrido. “Desnúdame”, te decía mientras estabas bailando, y tú, con un sólo movimiento deshacías todos los nudos. Y me dejabas ser libre pero a la vez ser tan tuya, que comenzaba a dudar de quién era cada mano."
-Estefanía Mitre
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